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2025·Fundación Osde, Buenos Aires

NADA PERSONAL

Nicolás Martella

Texto curatorialCuratorial text

Nada personal reúne un recorte específico sobre la producción visual de Nicolás Martella que gira alrededor de su gesto como archivista de lo inminentemente caduco. Siete proyectos realizados durante los últimos 20 años dan cuenta de una obsesión: a Martella lo desvela la pregunta sobre la fugacidad de las imágenes, cuáles son sus canales de circulación (pero también de defunción), la obsolescencia programática de las (siempre) nuevas tecnologías y cómo opera el vértigo de la inmediatez en la constitución de una memoria de futuro.

Los archivos aquí desplegados, —ya sea en formato de imágenes ready-made, capturas o fotografía de toma directa, fotocopias o incluso en la acumulación de libros— están en estado crudo. No tienen edición alguna y ciertamente no tienen per se ningún valor estético. Aparentan ser imágenes menores, intrascendentes, fungibles. Lo que les da carácter y entidad es la grupalidad. Su reunión abre la pregunta sobre cuál es el paisaje social de nuestros usos y consumos residuales. El procedimiento de Martella es, entonces, una especie de arqueología en estado vivo y mutante sobre la evolución o retracción de los sistemas de información de las sociedades en tiempo presente. A partir de estos atlas warburgianos, se puede hilvanar una posible historia política, económica y cultural de este nuevo siglo.

En su obra entran en disputa dos cuerpos de archivos: por un lado, el archivo digitalizado (o genuinamente digital) y, por el otro, el archivo físico, donde el aura de originalidad subyace, quizás, como un resultado retroactivo de la cultura digital. Esa tensión, propia de la temporalidad en la que fueron producidas, no anula ni subvierte la importancia ni el valor histórico de cada uno, sino que permite poner en duda cómo construiremos los archivos del futuro.

Hay, por último, una decisión de llevar la mise en scène a un estado de saturación muy al límite, aunque con una fuerte dosis de infraestructura administrativa. Sus montajes parecieran funcionar como un retrato del agotamiento de las operatorias de internet y de las redes, así como también del vertiginoso camino hacia el abismo al que probablemente desciendan los documentos analógicos. En esa reunión desbordada (pero organizada) de fotografías, papeles, libros y archivos, la pregunta sobre el futuro del archivo está abierta. Una mirada podrá decir que hay un deseo de conservarlo todo que activa fuertes y densos mecanismos de memoria. Otra doctrina sostendrá, en cambio, que el gran museo de internet es el tacho de basura del escritorio.

Joaquín Barrera

Curador

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